Misiones de Paz

Congo

El Congo, recién independizado, enfrenta el amotinamiento de sus Fuerzas Armadas, la intervención militar belga y un desorden creciente. Ante esa situación, su gobierno solicita la asistencia militar de las Naciones Unidas.

El 14 de julio de 1960, el Consejo de Seguridad aprobó por mayoría el despacho de tropas al Congo (hoy Zaire), con el mandato de ayudar al gobierno de ese país al restablecimiento de la ley y el orden, así como el retiro de las fuerzas belgas.

De inmediato llegaron los primeros efectivos de Ghana y Túnez, que fueron puestos bajo el mando del general sueco Von Horn. Dos semanas después, esas fuerzas se habían incrementado a 11.000 hombres, incluyendo a 6O pilotos de la Argentina, Brasil, Etiopía, India, Noruega, Suecia y Yugoslavia.

A fines de agosto de 196O, el número de efectivos internacionales ascendió a 16.000, y también se agregaron técnicos de la OACI y una diversidad de profesionales.

Los oficiales enviados por la Fuerza Aérea Argentina, formaron parte de los Estados Mayores, Planas Mayores y de los Escuadrones de Transporte Aéreo desde junio de 196O hasta marzo de 1963. Las misiones cumplidas consistieron en la planificación y ejecución de operaciones aéreas, la realización de tareas de transporte aéreo operativo, así como también de exploración y reconocimiento.

Dentro de estos procedimientos, se hizo abastecimiento aéreo, con entrega por aterrizaje para las tropas de la ONU desplegadas en el terreno, y de medicinas para hospitales y grupos religiosos cristianos. Del mismo modo, se cumplieron actividades de traslado de tropas y evacuación sanitaria.

Los pilotos argentinos llegaron al Congo en cuatro contingentes. Volaron un promedio de 25O horas semestrales cada uno, alcanzando en conjunto un total de 11.000 horas. El personal de vuelo fue apoyado por ingenieros, suboficiales mecánicos y radio-operadores, divididos en dos grupos.

Los miembros de la Fuerza estuvieron basados en N'Djili, en los alrededores de Leopoldville, pero además operaron a partir de los destacamentos que se instalaron en Elizabethville, Luluaburg, Albertville y Bukavu, a medida que las fuerzas de la ONU penetraban en el interior del territorio congolés.

Por entonces, el Congo era un enorme país con una precaria infraestructura aeronáutica, y escasos sistemas radioeléctricos de ayuda a la navegación, lo que lo convertía en un lugar poco seguro para la realización de operaciones aéreas. Estas limitaciones eran compensadas, en parte, por el buen estado del material de vuelo a disposición de la ONU, el cual era mantenido en forma apropiada, merced a un apoyo logístico fluido.

os escuadrones operativos funcionaban con relaciones de comando claras, y eran administrados con eficiencia por oficiales de diversas nacionalidades, mientras que la información se hacía conocer en forma oportuna a los destinatarios. El grado de riesgo implícito en el ambiente operacional en el que se desarrollaban las actividades, quedó comprobado en varios episodios dramáticos, como cuando, por ejemplo, un C-47 con tripulación argentina, aterrizó con 11 impactos de ametralladora 12,7 mm pero, felizmente sin víctimas.

La misión se extendió desde julio de 1960 hasta 1964 y fue -con 20.000 efectivos militares simultáneamente desplegados- una de las mayores OMP de la historia. En muchos aspectos, se la puede considerar como la antecesora de las grandes operaciones actuales.

La Fuerza Aérea participó con los efectivos ya mencionados desde 1960 a 1963.